In Memoriam Agustín García Calvo, nunca entendí nada

Nunca cruzamos palabra, que recuerde, ni aún cuando fui su alumna de latín en Facultad de Filosofía de la Complutense. No recuerdo a ningún otro profesor que nos diera ¡el primer día! sobresaliente a todos los alumnos -asistentes o ausentes. ¡Aquello sí era ser un ácrata consecuente!.

Por aquel entonces había aparecido –creo- su “Contra el Estado”, libro del cual por cierto he encontrado dos ejemplares hace poco en casa. Uno debía ser de Jaime. Da igual porque ninguno de los dos entendímos nada, seguro. Tampoco hablamos cuando, con no poco esnobismo,  elegí Latín II, con la única compañía de aquella religiosa listísima  y joven cuyo nombre he olvidado . Recuerdo su mirada sonriente y discreta cuando subíamos a su departamento a leer, el “De Rerum Natura” de Lucrecio con alguno de los adjuntos. ¡Me encantaba! . Pero sigo sin saber una palabra de latín.

Menos entendía aún en las tertulias del Manuela en Malasaña y del Central después. Fueron varios años de meritoria fidelidad para no entender nada. En aquel retazo de La Academia en Madrid que él creo a su medida, y que fue –quizás- uno de los grandes proyectos de su vida. Me daba igual. También es cierto que aún a mis poquísimos años, y por mucho que yo me empeñara en borrar el rastro de la falda escocesa y los castellanos -tan reciente- esforzándome en poner cara inteligente, yo intuía que no era la única: aquello era el cuento del sastre del rey semana tan semana, pero sin deje amargo, porque no había falsedad alguna.

Alguno intentaba  de tanto en tanto hablar es verdad…pero en general todos poníamos cara de enterados mientras Don Agustín decía aquellas cosas tan incomprensiblemente hermosas (solo Ferlosio le daba –de tanto en tanto- la replica). Y daba igual, por ver el placer que a él le causaban sus propios razonamientos, inasequibles para la inculta mayoría. Recitaba, se transformaba, disfrutaba con cada palabra y lógica ocurrencia, con cada acierto de su mente prodigiosa.

Seguramente él se fijaría alguna vez, en aquel mundo de hombres barbudos, en la niña del rincón, pero nunca hablamos.  Abandoné llegado el día el hábito de escucharle, en busca de otras aventuras. Pero de tanto en tanto, siempre le he recordado. Y sabía que cuando llegase el día de hoy me dolería, y me duele que ya no haya posibilidad alguna de ver aparecer de repente ,por cualquier calle de Madrid la mirada lucida, culta e inteligente de D. Agustín con el don de la juventud eterna.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ruth dice:

    Yo también voy mucho a sus tertulias y me he encontrado algunas personas como tú, que dicen que no se enteran de nada pero que vuelven una y otra vez. Y eso me llama mucho la atención. Puede que el problema lo tengamos por decir “nada”, que descarta cosas que quizás pasaban, pero que no las sabríamos definir. No sé. Lo que no le veo razón es que creas que no te enterabas por no ser culta. Porque he conocido gentes en esas tertulias que son más bien incultas, pero que hablan y sienten lo que se dice, porque se habla en la lengua corriente, aunque las cosas que se digan no sean corrientes. O sea, justo lo que hace por ejemplo un niño cuando dice “¿y qué es nacer?”.El niño es inculto, pero habla y dice algo lleno de sentido. Lo que se hacía con Agustín es tomarse en serio la pregunta, en vez de callarla diciendo cualquier cosa rotunda o cualquier mentira (que es lo que se hace una y otra vez con los niños). Entonces, efectivamente, puede ocurrir que alguien en un momento diga: “pero si llevamos días hablando sobre eso de “¿y qué es nacer?”, y todavía nadie me ha dicho mirándome a los ojos y con toda sinceridad, como hacen en la tele, qué es nacer. Además, todo el mundo sabe lo que es nacer, a qué darle más vueltas.”. Y éste es el punto funesto (justo cuando decimos que sí se sabe), donde parece que hay que tomar una decisión: si sí se sabe o bien no tiene sentido venir más por aquí, porque es charla de necios preguntar por lo que ya sabemos, o bien, más humildemente (como quizás fuera al principio tu caso) creerse que es que hay algo por ahí profundo y escondido de lo que no se entera, y achacarlo, por ejemplo, a su falta de cultura, y entonces quizás decidir seguir yendo por si acaso logra hacerse más culta o algo así. En cualquier caso, son ya declaraciones de después de decidir que se sabe. Mientras está el asombro de no saber qué es nacer, se habla sin más, como el niño… Como el niño mientras al niño todavía no le han engañado con que tiene que hacerse culto. Que es enseñarle a cambiar el “¿y qué es “el año que viene”?” en voz alta, por callarse y pensar casi sin enterarse: “Si no sé lo que es “el año que viene”, es porque todavia no estoy enterada, porque saber, eso lo saben de sobra”. La alegria es que este cambiazo nunca está asegurado, y el niño puede a veces saltar desengañado y decir “Pero qué coño saben estos tíos. Menuda estafa los cultos: si están para engañar, para hacer creer que se saben las cosas y que no nos preguntemos por ellas!”.
    Así que creo que no era cosa de Agustín. Aunque a ti personalmente te pese, esa niña sin nombre anda por ahí, y no hay dios que le ponga fin. No entendías nada, porque en verdad no se entiende, y por eso seguiemos hablamos, sin fin…

    Salud.

  2. Pirro dice:

    La niña del rincón no era una niña, sino un señor muy práctico que se tapaba los oídos con cemento para no poner en peligro sus planes y proyectos. No se puede ser tan extremadamente torpe como para no entender algo tan preciso como el ensayo sobre el Estado de García Calvo. De esos señores que no entienden nada más que lo que renta los hay a montones en las grandes empresas y partidos políticos; señores como aquel disfrazado de niña, que saben bien lo que les conviene a su interés y su bolsillo, son los que mejor sirven, mirando para otro lado, al dinero y a la opresión.

  3. Blanca B. dice:

    Bueno Isabel la religiosa creo recordar que se llamaba y se llamará espero, Asunción. Si recuerdo al menos una tertulia el Manuela, también la recuerdo incomprensible. Pero lo que más recuerdo son los múltiples intentos de leer, de un tirón su Sermón de ser y no ser… Aquello era imposible, o al menos a mi me lo parecía. No había duda que un poema de un número importante de hojas y sin un solo punto y aparte, había que leerlo de un tirón. No se las veces que lo intenté. Si se que me llegue a aprender las primeras páginas de tanto intentarlo. Ahora me pregunto si me excitaba más la danza entrelazada de los indescifrables versos o lo quimérico del intento. En cualquier caso permanecerá en mi recuerdo.

  4. Isabel M. G. dice:

    Querida Isabel, qué emoción encontrarte en este blog. Me he sumergido en tus textos tan evocativos y me han encantado. El tiempo ha sido muy benigno contigo, porque apenas has cambiado. Sigues igual de guapa.

    Yo acabo de publicar un libro de ficciones breves editado por Plaza y Valdés titulado “Pasos”. Si lo lees, espero que te guste.

    Te deseo lo mejor para el año 2013 y te envío un abrazo fuerte conmovida por algunos recuerdos de nuestra época en la facultad.

    IMG

  5. Lucina dice:

    Por si se le quiere “entender mejor”, os dejamos el enlace a su web y editorial, podeis encontrar textos de Agustín y sus Tertulias del Ateneo, continuación de las de la Manuela y Aurora Intermitente,

    saludo y gracias por este artículo

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