El bloguero asesino



Lo que había estado temiendo sucedió. Aquel cero de color azul en comentarios pendientes de ayer y antes de ayer seguía ahí, desafiándole. Tenía que haber una explicación pero no la encontraba. Le dolía la cabeza, la sangre le bullía del corazón al cerebro tan fuerte que no le dejaba pensar con orden. La lenta sangría de comentarios había empezado semanas atrás, tras meses, ¡años!, de aumento constante. Poco a poco habían empezado a abandonarle, primero los últimos en llegar, después los más fieles. Las noches se le hacían interminablemente largas sin nada que leer, nadie a quien contestar. Los días tediosos.

Se decidió a descubrir la causa, se juró a sí mismo no abandonar su empeño aunque le costará dejar de escribir, de dormir ó la misma locura. Se preparó para la persecución. Ordenó a sus viejos followers en listas. Los rastreó, y espió hasta el descubrimiento doloroso de su nuevo paraíso. Allí estaban. Muchos, todos ó casi todos, diariamente conversando, alimentando y mimando el alma de aquel nuevo seductor. Lo estudió. Cada una de sus palabras, su estilo. No encontró causa aparente que pudiese explicar el doloroso abandono. ¿Sólo un capricho, una moda pasajera? ¡Dios mío, cómo le dolía tanta injusticia y desagradecimiento!.

Dejó de escribir. Durante semanas no pudo apenas comer ni dormir. Miraba y miraba el blog dejando crecer la supurante herida. De vez en cuando se regodeaba viendo su propio blog abandonado, cada día más sórdido y antiguo, como la foto estática de un viejo edificio demodé. Cuando ya no pudo más, salió a la calle, y respondiendo a un impulso semiconsciente llegó hasta la abarrotada sala del evento. Su abandonado aspecto le ayudo a no ser reconocido. No pudo resistir el espectáculo ni la visión de su triunfante enemigo y sin siquiera sentarse huyó en busca de aire fresco. En su huida, le dio tiempo a reconocerla. Ella también estaba allí con aquel infausto libro entre sus manos.

Aquello fue demasiado. Sin nada que perder, volvió a su apartamento con una sola y firme idea de venganza en su mente. Vaciló un segundo antes de hacerlo. Pero aquel cero seguía allí desafiante. Entonces publicó la entrada y lanzó el rumor.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Tamarón dice:

    Isabel, gracias a tí en cuanto aprenda los trucos de la red me dedicaré al asesinato como una de las bellas artes.

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